Escrita por: Daniel Mountain
Director: Jennifer Kaytin Robinson
Guionista:Jennifer Kaytin Robinson, Leah McKendrick, Sam Lansky
Productores: David F. Sandberg, Gary Dauberman, Mia Maniscalco
RepartoMadelyn Cline, Chase Sui Wonders, Jonah Hauer-King, Tyriq Withers, Sara Pidgeon, Austin Nichols, Lola Tung, Nicholas Alexander Chavez, Jennifer Love Hewitt, Freddie Prinze Jr.
Título original:I Know What You Did Last Summer
Productora: Columbia Pictures, Original Film y The South Australian Film Corporation.
Género: Terror
Estimado lector, quisiera empezar esta reseña con una pregunta crítica (y no necesariamente negativa):
¿No habíamos superado ya en el cine de terror el estereotipo de la rubia tonta?
Pues al parecer no del todo. Porque esta nueva entrega —una secuela directa y no un reboot, como muchos habían especulado— se centra precisamente en una protagonista que parece sacada de los años noventa: Danica, una mujer joven, privilegiada, no muy brillante, pero poderosamente atractiva, que no tiene mayor dificultad en conseguir un anillo de compromiso.
Es precisamente en su celebración de compromiso con su novio de la secundaria donde inicia todo. Este reencuentro de antiguos compañeros funciona como la excusa perfecta para reunir a un grupo de jóvenes desprevenidos —y bastante clichés, hay que decirlo— que deciden ir a una cabaña en la montaña durante el fin de semana del 4 de julio. Entre los asistentes están dos amigos que ya no viven en Tower Bay y una joven con un pasado oscuro que aparece en la fiesta como empleada de la fiesta, casi por casualidad. Todo esto ocurre con la impunidad que ofrece la sombra del padre del prometido, un hombre poderoso en el pueblo que parece haber hecho todo lo posible por borrar de la historia los asesinatos ocurridos allí en 1997.
Como se puede prever (y como dicta el canon de este subgénero), la celebración se sale de control. Hay alcohol, drogas y comportamiento irresponsable, elementos ya clásicos en este tipo de cine. Y por supuesto, alguien termina muerto. La reacción es casi automática: el grupo decide no decir nada. Juran silencio, ocultan el crimen y tratan de seguir con sus vidas. Un año después, como ya es tradición en estas historias, se reencuentran, inicialmente para celebrar el segundo compromiso de Danica, pero también para descubrir que alguien sabe la verdad. Y ese alguien está furioso, decidido a vengarse sin límites por lo que ocurrió aquella noche.
El asesino reproduce, con escalofriante precisión, los patrones de los asesinatos cometidos treinta años atrás: notas anónimas, el ya icónico impermeable oscuro, el gancho metálico como arma, y una macabra teatralidad en la presentación de los cadáveres. Incluso el cuerpo policial del pueblo parece igual de incompetente que en entregas anteriores, perpetuando el sentimiento de desprotección entre los protagonistas.
Aquí es donde la cinta encuentra su gancho más poderoso: la conexión directa con los personajes originales de la saga. Julie James y Ray Bronson, sobrevivientes de los hechos de 1997, regresan a escena para advertir, guiar —y, en lo posible, proteger— a esta nueva generación de víctimas potenciales. Su inclusión va más allá del gesto nostálgico: aporta peso emocional, continuidad narrativa y hasta un poco de redención para quienes han vivido con el trauma de aquel verano inolvidable.
Los momentos de tensión están bien logrados. Si bien la historia es predecible y cae en lugares comunes, la ejecución del guion y la ambientación son lo suficientemente sólidas como para mantener el interés del espectador. Hay una intención clara de rendir homenaje a la saga original, pero también de actualizarla con un ritmo más dinámico y personajes algo más conscientes de su propia historia (aunque no todos lo logran).
En términos de producción, la película cumple. Los asesinatos son explícitos y ligeramente grotescos, y los efectos especiales complementan el estilo noventero que claramente busca evocar. El diseño sonoro contribuye a generar atmósferas inquietantes, aunque los “jump scares” no son memorables ni especialmente innovadores. Aun así, resultan efectivos, sobre todo para quienes disfrutan de ese tipo de películas.
Danica, como protagonista, puede resultar frustrante en mí no tan humilde opinión. Es un personaje que encarna clichés que muchos pensábamos superados, pero también es el espejo de una generación atrapada entre la superficialidad y la necesidad de redención. Aunque no es un personaje complejo, su evolución —por mínima que sea— le da cierta tridimensionalidad. Las actuaciones en general están por encima de lo esperado en este tipo de películas: el elenco joven responde con solvencia, y los veteranos logran conectar emocionalmente con el espectador nostálgico.
En conclusión, esta secuela no reinventa el género ni propone una revolución narrativa, pero cumple con su objetivo: entretener, generar tensión, y dar continuidad a una saga que marcó a toda una generación de fanáticos del slasher. Es una película para dominguear o para ver en la casa en buena compañía, un homenaje bien construido que no defrauda a sus antecesoras.
Si eres fan de la franquicia, sin duda disfrutarás de los guiños, los reencuentros, y el regreso del gancho como símbolo del horror adolescente. Y si no, al menos te quedarás con un par de buenos sobresaltos y la sensación reconfortante de que, en el fondo, los terrores del pasado nunca mueren del todo.
Puntaje: 4.0